La unidad popular, el único camino

Foto de Agustín Millán

Hay tres ideas básicas que han impulsado las candidaturas de unidad popular para las próximas elecciones municipales, entre ellas Ahora Madrid en la que participo como candidato. La primera es la constatación de lo alcanzado con la movilización durante este periodo de aguda crisis, la más profunda y prolongada desde la transición. La segunda idea es que este incipiente poder popular no nos basta. La tercera idea es que sólo obteniendo una mayoría suficiente en las instituciones podremos dar un salto hacia adelante que nos permita pasar de la defensa al ataque.

La primera idea que ha impulsado las candidaturas de unidad popular es la constatación de lo alcanzado con la movilización durante este periodo de aguda crisis, la más profunda y prolongada desde la transición. La acción de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas no sólo cosechó éxitos al parar desahucios, al poco tiempo condicionó la agenda política de nuestro país. Las mareas, en concreto la blanca en defensa de la sanidad pública, ha obligado a la derecha más radical a paralizar privatizaciones y a dar respuesta a reivindicaciones como la de los enfermos de hepatitis C. Luchas obreras como la de los trabajadores de Coca Cola han demostrado cómo se puede combinar la presencia en las calles, la presión ciudadana, el apoyo institucional y la reclamación en los tribunales.

La segunda idea es que este incipiente poder popular no nos basta. Contamos con más participación, nuevas formas de organización y movilización, éxitos importantes… pero se siguen produciendo desahucios, se mantiene la privatización creciente de la sanidad y los trabajadores de Coca Cola no han sido restituidos en sus puestos de trabajo.

La tercera idea es que sólo obteniendo una mayoría suficiente en las instituciones podremos dar un salto hacia adelante que nos permita pasar de la defensa al ataque. 2015 es clave. Resistir y confrontar los recortes han sido grandes pasos, ahora toca gobernar y construir desde una lógica diferente. Y cuando digo ahora, digo ahora, en 2015; las oportunidades históricas tienen sus tiempos. Aún estamos a tiempo. Hace unas semanas se celebraba un nuevo aniversario de la segunda república española.

A inicios de los años treinta del siglo pasado, las luchas sociales y unas elecciones municipales trajeron la democracia y la república a nuestro país. Poco después fue aprobada una Constitución que reflejaba muchas de las aspiraciones de la mayoría social que se había movilizado en los años anteriores. Ha llovido mucho desde entonces, aunque podemos hacer muchos paralelismos, más o menos forzados; aún así, esta referencia histórica sirve para explicitar el proyecto y el programa de cambio que en los últimos años hemos defendido desde el Partido Comunista de España e Izquierda Unida, y que comparte mucha más gente: un proceso constituyente para revertir la actual situación y mejorar nuestras vidas.

Titulo este artículo ‘La unidad popular, el único camino’ porque estoy convencido que la unidad es potencialmente revolucionaria y es lo único que nos permitirá avanzar en la garantía de esas cosas tan de sentido común que reclamamos como el empleo garantizado, la vivienda, la educación, la sanidad, unos servicios públicos de calidad… Hoy sería un fracaso lo que hace unos años hubiera sido un gran éxito; no nos conformamos con tener más presencia en los Ayuntamientos y que, en el fondo, no cambie nada. He tenido muchos debates con compañeros que no les gustaban las prisas, arriesgar tanto, lo del partido instrumental…; yo les insisto, dejemos a un lado las formas, importantes sin duda y con muchos matices, pero no hay tiempo que perder, vayamos al fondo.

Lo que tiene que cambiar son cosas muy concretas, como recuperar lo público frente a las privatizaciones y quienes han convertido este ámbito en objeto de negocio, acabar con la corrupción vinculada con el actual modelo económico, dotar de medios a las políticas públicas que garantizan los derechos económicos, sociales y culturales, crear empleo público, fomentar la iniciativa social, democratizar, descentralizar, desarrollar la participación… Dar pasos en esta dirección hoy es revolucionario, subvierte el régimen, porque afecta a los intereses de los que se han hecho fuertes con la gestión de la crisis a todos los niveles, cuestiona la hegemonía de los que han blindado el pago de la deuda a costa de nuestras vidas y porque pondrá en evidencia que el actual marco institucional no da respuestas a las demandas de la mayoría social.

Pero no nos sirve cualquier tipo de unidad popular. El espejismo electoralista nos lleva a un callejón sin salida. Si somos negligentes con la movilización y el poder popular que nos ha traído hasta aquí la posibilidad de un cambio real se alejará. La unidad sin organización social nos conduce a la derrota. Hoy, por desgracia, tenemos algunas candidaturas de unidad popular, no unidad popular. Contamos con candidaturas dispares, heterogéneas, muy incipientes, sin conexión entre ellas. Lo peor es que las fuerzas políticas que deberían impulsarlas no tienen una estrategia definida. Lo que hemos sido capaces de construir lo hemos hecho a trompicones, a fuerza de voluntarismo. Y no existen perspectivas de unidad más allá de lo municipal. No existe ningún designio divino que garantice que la salida de la crisis se gestione a favor de la mayoría social trabajadora. Ni dioses, ni reyes, ni tribunos. Depende de nosotros, de nosotras, de lo que hagamos.

La experiencia del Gobierno de Andalucía y las últimas elecciones en esta Comunidad Autónoma lo demuestran, el régimen se recompone por la lógica implacable de más vale lo malo conocido, por la abrumadora ideología dominante, por nuestra división, por la demagogia o por el recambio. Nos enmarcamos en un proceso claro de lucha de clases, que no se limita a la simple constatación de una contradicción entre capital y trabajo sino que tiene una clara expresión política. Por un lado, quienes se han beneficiado y se han hecho fuertes con la gestión de la crisis, luchan por la continuidad o el recambio; por otro, la mayoría social trabajadora necesita dar un salto cualitativo para defender sus intereses. La movilización social de los últimos años posibilita el cambio pero, para ganar, necesitamos cambiar la correlación de fuerzas y el poder municipal es un primer paso.

A estas alturas, cerrado ya el proceso de acuerdos y conformación de listas, mi conclusión es clara. Debemos hacer todo lo posible para garantizar el éxito de las candidaturas de unidad popular donde se han puesto en pie. Convencer a quienes se resisten que es el único camino, bien por la miopía de una defensa de la identidad mal entendida, por intereses mezquinos o por un ilusionismo electoralista digno de mejor causa. Y, al mismo tiempo, profundizar en la unidad popular, la organización, la construcción programática, la necesidad de una alternativa constituyente. Un buen resultado en aquellas ciudades donde se han alcanzado acuerdos de unidad popular es el mejor mensaje que podemos enviar a los poderosos y, con la misma fuerza y convicción, a quienes fomentan la división que también es el único camino pero en la dirección inversa, a la derrota. ¡Aún estamos a tiempo! Depende de nosotras y de nosotros.