Robocop en Madrid. Rescatemos la ciudad del poder de las corporaciones

Mauricio Valiente Ots
Candidato al Ayuntamiento de Madrid en las primarias abiertas de IU
Jorge García Castaño
Concejal de IU en el Ayuntamiento de Madrid

En  1978 Paul Verhoeven dirigía Robocop, una distopía ambientada en un Detroit quebrado y consumido por el crimen. El director nos describe una ciudad que  ha favorecido fiscalmente a las grandes corporaciones,  acabando con su capacidad de prestar servicios públicos, que ya están todos en manos de las grandes multinacionales.

OCP es una de estas grandes  empresas contratistas que controla la ciudad y gestiona la mayoría de los servicios, incluido la policía. La trama de la película trata, básicamente, de sus planes para conseguir un nuevo tipo de policía, capaz de trabajar 24 horas al día -sin los problemas que genera disciplinar a la mano de obra humana- con el propósito de acabar con el crimen y poder llevar a cabo una gran operación urbanística para sustituir al “Viejo Detroit”.

Es tremendamente interesante cómo anticipa Verhoeven la evolución de las ciudades ante la destrucción neoliberal  que vendrá. Su quiebra presupuestaria y social para pasar a ser puros objetos de la rapiña del oligopolio contratista. La ciudad de Robocop,  Detroit, es hoy una no ciudad en suspensión de pagos, desindustrializada, insegura y con una deuda de 18.000 millones de dólares. Una ciudad fantasma que ha perdido más de un millón de habitantes desde los años cincuenta.

Quien haya visto el cartel que anuncia el remake de la película de 2014, se habrá dado cuenta que las grandes torres que aparecen detrás del robot policía son precisamente las  Cuatro Torres de Madrid, una de las primeras operaciones urbanísticas que apuntaban a ese proyecto de capital global que tanto daño ha hecho a nuestra ciudad y a sus habitantes. ¿Es Madrid el Detroit del futuro? ¿Hasta dónde ha llegado el modelo neoliberal en la capital?

Nuestra ciudad tiene una deuda de 7.000 millones de euros tras los años del saqueo. Durante este tiempo ha sido hegemónica una ideología que venía a plantear que el progreso era una simple yuxtaposición de brutales operaciones urbanísticas y grandes eventos. Abandonando cualquier tipo de estrategia industrial o territorial, la ciudad ha servido de campo de batalla de donde extraer inconfesables beneficios. Sus suelos y sus presupuestos se han puesto al servicio de la construcción de vivienda privada e infraestructuras de transporte, para uso y abuso de unas élites extractivas que no han tenido ningún proyecto de ciudad, más allá de llenarse los bolsillos. La consecuencia de este modelo ha sido la acumulación de ingentes deudas públicas y privadas, la práctica desaparición de la industria, además un desarrollo urbanístico insostenible y difícilmente reversible. Eso sí, a costa del sufrimiento de la mayoría,  un puñado de constructoras han sido capaces de acumular capitales hasta convertirse en  las principales multinacionales del sector.

Distintos colectivos han elaborado análisis y propuestas en torno a este “paisaje después de la batalla”. El Club de Debates Urbanos, el Observatorio Metropolitano o iniciativas como nacionrotonda.com, están haciendo un trabajo enorme para explicar la devastación de la ciudad en el último ciclo inmobiliario.

En Madrid todo es privado o se está privatizando menos la policía, los bomberos y quizá la EMT. Iluminación, limpieza viaria, recogida de basuras, parques y jardines, servicios sociales, escuelas infantiles, infraestructuras viarias, licencias… y hasta la atención al ciudadano están en manos de un puñado de enormes empresas y sus filiales, que son las verdaderas dueñas y señoras de la ciudad. El Ayuntamiento ha entregado sus principales competencias a los intereses privados de un grupo de corporaciones que se pueden contar con los dedos de la mano.

Si Madrid hoy no es Detroit se debe fundamentalmente a la resistencia de sus gentes. Al ciclo de luchas que se inició con el 15M, a las mareas ciudadanas, a las movilizaciones contra los desahucios, a las luchas laborales, a las redes de solidaridad popular y a las innumerables iniciativas vecinales que han sembrado la ciudad de espacios liberados. Esta capacidad para la movilización y para construir las bases de una posible nueva ciudad ha sido lo que ha evitado la disolución del vínculo social y la degradación total de la vida urbana.

Nuestro reto es rescatar la ciudad del oligopolio y devolver el poder a la gente. Para eso proponemos al resto de actores políticos y sociales que luchan contra el modelo de ciudad neoliberal algunas líneas estratégicas para un programa de choque que nos permita recuperar Madrid:

. Luchar  contra la corrupción, estableciendo mecanismos de control ciudadano sobre la gestión presupuestaria y urbanística de la ciudad.

. Democratizar el Ayuntamiento abriendo procesos  de participación, cogestión y autogestión, descentralizando el Ayuntamiento y llevando nuevas competencias a las Juntas Municipales.

. Trabajar por una auditoría ciudadana de la deuda y por su reestructuración, consiguiendo los recursos necesarios para la inversión en equipamientos y servicios sociales.

. Remunicipalizar la prestación de los servicios municipales  básicos y desarrollar una política de contratación que permita abrir la competencia  a pequeñas empresas y economía social.

. Volcar todo el potencial de la institución en la creación de empleo, apoyando a la industria, al pequeño comercio, a la economía social y a la cultura.

. Impulsar una política de vivienda basada en el alquiler y la rehabilitación,  actuando fundamentalmente sobre la ciudad consolidada.

. Garantizar una ciudad sostenible, incrementando zonas peatonales y áreas de prioridad residencial y potenciando el transporte público y el uso de la bicicleta.

Las próximas elecciones son cruciales para frenar el deterioro y convertir Madrid en una ciudad habitable para las mayorías sociales. Es necesario que todos los actores políticos y sociales estemos a la altura del momento histórico. Detroit ya no está tan lejos de Madrid.

P.D. Mientras escribíamos el artículo hemos encontrado un gran texto de Javier Ruíz Sánchez en una estupenda publicación del Club de Debates Urbanos. Una lectura muy recomendable.

 

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