Democratizar el Ayuntamiento de Madrid

Gobernar ecuchando. Foto de Agustín Millán

En el programa de Ahora Madrid defendemos que el Ayuntamiento tiene que reforzar su autonomía económica y financiera con un sistema de ingresos más justo y racional. Y, ante todo, dar entrada a los presupuestos participativos, a la planificación participativa, a la democracia digital, a los instrumentos de gobierno transparente y a las iniciativas ciudadanas como forma directa de gestión democrática. Para ello, es preciso acercar la política al territorio, dando mayor capacidad de decisión y gestión a los barrios y a los distritos, poniendo en valor no solo las juntas de distrito, sino también otros espacios de participación. Los distritos deben tener la capacidad de cubrir las necesidades de sus vecinos, suficientes dotaciones y un plan que diversifique los usos y las funciones de los espacios de cada barrio, que les dote de puestos de trabajo tanto como de espacios de ocio. No es solo una cuestión de democracia, equilibrio y justicia, sino que significa un enorme ahorro de tiempo y energía, así como una mejora de la calidad de vida del conjunto de la ciudad al reducir los largos desplazamientos a los que nos vemos obligados hoy en día.

El programa de Ahora Madrid respecto a la democratización y participación ciudadana, cuyos ejes centrales resumo en el párrafo inicial de este artículo, necesitará ser desarrollado con nuestra acción de gobierno. Una de las características del Ayuntamiento del PP ha sido la centralización absoluta de la estructura municipal, que ha dejado a las Juntas de Municipales de Distrito con menos competencias y recursos de los que tenían, ya de por sí insuficientes. Eso era imprescindible para poner el presupuesto municipal al servicio de las grandes obras faraónicas. Será imposible poner en marcha una verdadera democratización de la estructura municipal o de unos presupuestos participativos, sin un proceso de descentralización radical, que convierta a las Juntas de Distrito en organismos con competencias y recursos suficientes, con los cauces necesarios para que la participación de los vecinos y vecinas sea algo real. La estructura centralista del Ayuntamiento de Madrid no hace sino agravar las desigualdades sociales. Basta ver las diferencias de renta entre unos distritos y otros, de tasa de paro, o las diferencias en esperanza de vida. Realidades a las que se suman las diferencias entre las dotaciones sociales entre unos barrios y otros, siempre en detrimento de los barrios más humildes.

Pertenecemos a una misma ciudad; pero basta pasar por los otros barrios más favorecidos (o ir “a Madrid”, como todavía se dice en la periferia), para darnos cuenta de las enormes desigualdades existentes. Precisamente en estos barrios populares, en muchos de los que se concentra una población con mayores carencias culturales y sociales, son los que reciben un porcentaje menor de las inversiones y gastos presupuestarios. Si el pago de la enorme deuda que nos deja el PP es la principal causa del empobrecimiento de los vecinos y barrios madrileños, esto no explica todo, ya que los recursos generados por la ciudad no se distribuyen de manera justa ni homogénea en el conjunto de la ciudad. Arrastramos esta situación desde que se realizó la anexión franquista de los pueblos limítrofes a Madrid, a mediados del siglo XX. Pero en los 35 años de elecciones democráticas, esta tendencia y abandono no ha cambiado. La estructura fuertemente centralista y antidemocrática de la organización municipal de Madrid es lo que posibilita y favorece este progresivo abandono señalado.

Cuando la izquierda gobernó la ciudad de Madrid no tuvo la valentía de acometer la necesaria descentralización del ayuntamiento. Tenemos esta deuda pendiente. En los 28 años de gobierno del Partido Popular han desaparecido las pocas competencias que les quedaban a los distritos, reduciendo a un exiguo 11% el presupuesto que gestionan los 21 distritos, privatizando además gestiones tan sensibles como el empadronamiento o las licencias. Los distritos ni siquiera pueden arreglar los baches de sus calles ni autorizar la celebración de una fiesta de carnaval; pero al mismo tiempo ha crecido la estructura superior, con nuevos cargos, como gerentes y asesores, que cobran elevados sueldos sin justificación alguna. Para suplir este déficit democrático y estructural se requiere un cambio a fondo de la organización política, competencial y presupuestaria en el Ayuntamiento de Madrid, que permita el acercamiento de las decisiones del poder político a la ciudadanía afectada, y que posibilite de esta manera una profundización en la democracia y participación.