Sobre el camión botijo y la criminalización de la protesta social

cartel concentración 16 de enero de 2014

Son tiempos de austeridad, de ajustarse el cinturón, de penurias generalizadas… salvo para unos pocos… Salvo para los que se benefician de los saldos del patrimonio público que el PP dilapida y salvo para los fabricantes de artefactos varios para reprimir a quienes se rebelan contra sus políticas.

Porque el PP no sólo nos quiere recortados también nos quiere anulados, callados, sumisos…

Su última gracia es el camión-botijo, más de medio millón de euros para dotar a la policía antidisturbios de Madrid de una tanqueta con cañones de agua y productos químicos.

Un salto atrás en el tiempo a las mejores épocas de los grises, de “la calle es mía”… Ya sólo les falta revivir la brigada político-social.

Pero lo más grave no es este dispendio en fondos públicos para volver al pasado, lo peor es el retroceso en libertades que se consolida con la reforma del Código Penal, la Ley de Seguridad Ciudadana y la Ley de Seguridad Privada.

Criminalizan la protesta social porque nos quieren callados.

El futuro Código Penal  limita el derecho de manifestación, reunión, expresión y opinión, mediante duras penas de prisión. Una regulación inédita en los años que llevamos de régimen constitucional. ¿Por qué ahora?

El proyecto de Ley de la Seguridad Ciudadana trata de disuadir a quienes protestan mediante multas que pueden alcanzar hasta los 600.000 euros, aumentando el número de infracciones muy graves hasta 21 nuevos casos. ¿Por qué ahora?

La nueva Ley de Seguridad Privada entrega a los vigilantes funciones privativas del Estado, como si el orden público fuera una contrata más para sacar partido de ella. ¿Por qué ahora?

Desde la transición hemos vivido en nuestro país tiempos duros, durísimos. Violencia terrorista. Actuación de bandas de extrema derecha. Muertos y heridos en manifestaciones. Ayuntamientos intervenidos. Enfrentamientos durante días enteros.

Sin embargo, desde el inicio de la crisis y la explosión de protesta social que han provocado sus políticas, hemos asistido a la movilización más masiva y más pacífica que hemos vivido en la historia de nuestro país. Ha asombrado al mundo entero y ocupado las primeras páginas de todos los periódicos.

Millones de manifestantes. Protestas de todo tipo. Todos los días. ¿Se ha deteriorado el orden público? ¿Se ha violentado a alguien? ¿Se ha impedido que alguna institución funcione regularmente?

Si alguien ha visto afectada su vida estos años es quien se ha quedado sin trabajo, sin prestación por desempleo, sin casa, sin sanidad. Si alguien no ha podido hablar en esta cámara ha sido por el veto del presidente y no porque un manifestante en la calle se lo haya impedido.

Entonces ¿por qué ahora?

Porque para acabar de cerrar el círculo de los recortes sociales, de la pérdida de derechos, de las privatizaciones, de los regalos a los ricos… necesitan institucionalizar el recorte de libertades, volver a la esencia de su ideario liberal del siglo XIX: el Estado sólo para reprimir y sancionar las leyes del mercado.

Nos quieren anulados, callados, sumisos… pero no lo lograrán. Seguiremos en la calle y en las instituciones, en las asambleas y en las protestas, en definitiva, construyendo democracia, no recortándola.